Nunca doblegaste tu trazo a merced del poderoso caballero. Fuiste maestro de la bulgaridad. Sí, con B de Belleza. Cuerpos desnudos que se tocaban dibujaste para escandalizar así, al galerista más famoso de la época. Provocaste a través de tus obras algún que otro asombro y alguna que otra erección. Hiciste caso omiso a aquellos profesores que te decían que con ese estilo tan técnicamente pobre no ibas a vender ni un cuadro. Las cosas empezaron a cambiar cuando tu primer crítico acabó siendo uno de tus mayores mecenas. Sentiste admiración por tu maestro pero también cierto recelo. Amaste a muchas mujeres, casi a tantas como modelos posaron para ti. Gastabas el dinero rápido y dabas dolores de cabeza a la que al final acabó siendo tu esposa, Edith. Me gustas porque eras un personaje enigmático y aunque bañado por la tristeza, vivió la vida al límite. Tan solo darte las gracias por haber respirado, es decir, por pintar. Tengo un retrato tuyo en mi cuarto. Y sí, es a modo de provocación.
