He sobrevivido al invierno.
Eras una preciosa rosa con espinas.
Te he deshojado tantas veces que,
jugaba a que fueses margarita,
y que tus pétalos me dijeran que sí.
Volví de nuevo a nuestra plaza,
estaba distinta.
Vacía y solitaria.
Sin las rosas de la primavera.
Alguien las había arrancado
como haciéndoles un favor.
No quería verlas sufrir.
Eutanasia vegetal.
Me pinché tantas veces contigo,
que jamás volveré a regalar rosas.
Y eso que yo las iba guardando todas para ti.
