Ayer vi que Jose se volvía a sentar en las plazas. Avisé a todos los que pude diciéndoles: Tenéis que ir. ¡No os arrepentiréis!. Después me di cuenta de que es una decisión que uno tiene que tomar por si mismo. No sabía si iba a poder ir así que empecé a ponerme excusas del tipo 'no-me-da-tiempo o no-sé-si-cuando-llegue-estará pero algo me decía que tenía que pasarme. Saqué una hoja y escogí uno de mis poemas favoritos de todos los tiempos. Lo volví a escribir, letra a letra, para que no se me olvidara. Me fui corriendo a coger el bus. Ya eran las siete y media.
Ocho menos cuarto. Paseo de Ruzafa, giro a la izquierda y allí estaba sentado en la acera de enfrente de la plaza de Toros. Volvía a luchar un año más por llevar ese párate-respira-mirémonos a mi ciudad, por llevar esa invitación a darle al stop en medio de una Valencia que camina deprisa. Intenté camuflarme para que no me viese pero me reconoció enseguida. Se cumplía un año desde que me atreví a ser más valiente. Le dejé mi pequeño regalo, nos fundimos en un abrazo y marché camino a casa. Espero que le ayudase tanto como a mí.
Ayer la poesía volvió a inundar las plazas.
Foto: Jose Bravo
