Aviso: no es un sambori cualquiera. Miguel escribió con tiza dentro de rectángulos y cuadrados palabras como Amor, Odio, Culpa, Resignación, Olvido, Felicidad. Lanzó una piedra. Tras rebotar una y dos veces, finalmente se paró en Odio.
Miguel odiaba muchas cosas. A todos menos a sí mismo. A ella menos a sí mismo.
Le empezó a odiar, como dice la canción, en defensa propia. Alejarse en un intento por desasirse de peleas sin sentido, gritos, heridas... No tuvo éxito.
Eso no era amor. Y si lo era, era del malo. Amor del tóxico. De ese que bebes una gota y te salen tres ojos. De ese que nadie recomienda pero del que uno es adicto. Miguel había probado muchas drogas pero ninguna como ella. Esa sí que era jodida.
Eso no era amor. Y si lo era, era del malo. Amor del tóxico. De ese que bebes una gota y te salen tres ojos. De ese que nadie recomienda pero del que uno es adicto. Miguel había probado muchas drogas pero ninguna como ella. Esa sí que era jodida.
