Hola, stranger.

Hola, stranger.

Vamos a mirarnos. Despacio y sin prisas. Sin pestañear. Fijamente. Porque una mirada vale más que mil palabras. No vale esconderse ni hablar. Tampoco esquivar miradas. No hemos nacido para ser cobardes. Disfrutemos del silencio,  de ese que va desde ti hasta mí. Encontrémonos cómodos en él, en la nada, en la pupila con pupila. Cuando lo veas conveniente puedes retirarte y sentarte en frente de una nueva mirada. Una última cosa, tienes que retirarte sin mirar atrás. Te espero.